Un día 6 de agosto del año 1945, Hiroshima
quedo en oscuridad y la más absoluta destrucción; mucho tiempo después cuando
todo parecía normal, en las noches y en los días, empezaron a verse cosas
extrañas de otra época. A los fantasmas se les veía deambular por las calles
oscuras en la noche y durante el día atravesando paredes. Se veía desesperación
en su translucida cara.
Todos se dieron cuenta que eran los
fantasmas del trágico pasado, y que ellos buscaban sus viejos hogares y sus
familias. Pero toda era tan diferente, que no lograron encontrar nada de lo que
en su tiempo ellos tenían. Todo cambio y empezaron hacer ruidos por las noches
abriendo puertas, golpeando ventanas, rompiendo cosas. La gente empezó a temer
de todo esto.
Y la gente empezó a temer todo esto. Pues
creían que los fantasmas podrían ser agresivos y atacarlos a ellos; la gente
buscó la manera de enfrentarse con sus miedos, pero no sabían cómo, pues el miedo era más grande que su voluntad,
¿cómo puedes enfrentar algo que en realidad no existe ni puedes tocar? Pero
había que tratar de resolver este dilema. La gente sabía la tragedia que había
sucedido muchos años atrás. A la vez entendían que aquellos fantasmas sufrían
la terrible perdida.
Cada una de las personas en sus hogares se
enfrentó a sus propios miedos y decidieron hablar con ellos pero ¿cómo hablar
con los fantasmas si ellos sólo hacían ruidos al atravesar paredes, ventanas,
puertas y todo lo que estaba frente a ellos?; la gente solamente era testigo
mudo e incrédulo de lo que veían con temor. En cada familia levantaron la voz
buscando que los escucharan y tal fue su sorpresa que al escucharlos se
enfrentaron a ellos cara a cara. Con ojos desorbitados cara fría y petrificada
pero aun así les preguntaron que buscaban y les dijeron que esos ya no eran sus hogares,
que no existía nada de lo que ellos buscaban que por favor los dejaran vivir en
paz.
Pero los fantasmas reaccionaron de forma muy
violenta destruyendo todo buscando derrumbar las casas. La gente trato de
proteger todo de su humilde hogar. Y con gritos fuertes les gritaron “No podrán
quitarnos nuestro hogar” y para su sorpresa se detuvieron y quedó en silencio.
Poco a poco se reportaron muertes alrededor de los vecindarios. No sabían que
estaba sucediendo. Todos tenían miedo y temor. No pararon las muertes cada día
más y más. Pasaron meses y meses y toda la gente estaba falleciendo muy rápido. Un día escrito
en la plaza de la ciudad con sangre había un mensaje que leía “Adiós”. Nadie
sabía que trataban de decir. Cuando llego la noche se escucharon gritos sin
parar hasta que callaron. Desde ese día nadie sale de sus casas. Parece de
nuevo como si fuera un agosto 6 del año 1945…
Fernando López. Grado 7.

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