Una
gota de sudor corría por mi rostro mientras la oscuridad invadía el cielo. El
aire estaba húmedo y se oían los gritos de las personas mientras las
destrozaban. Yo me sentaba, con mis tres amigos, temblando del miedo. Mi
corazón latía más rápido cada vez que oía un grito. Si un monstruo nos
conseguía estábamos muertos. Perdón, no me he presentado, mi nombre es
María. Tengo pelo cenizo y rulos en el cabello. Soy una niña de 17
años y soy fuerte. Mis amigos, Reinaldo y Catherine, son lo único que tengo, nos
quedamos huérfanos hace unas horas. Reinaldo es alto, sincero, gracioso, y
guapo. Tengo que admitir, me gusta. Catherine es una chica alta,flaca, de pelo
marrón y con lentes. Es divertida y le ENCANTA leer. Nosotros llamamos a
Catherine: Cat.
Entonces
allí estábamos, muertos del terror. La invasión de monstruo comenzó hace cinco
días. Los monstruos son un experimento científico, el cual salió mal. Después
de lo que pareció una eternidad, hubo completo silencio. Vi a mis amigos, tenían
la misma expresión que yo. Un montón de preguntas cruzaron mi mente. ¿Se había
terminado la invasión? ¿Quién había sobrevivido? Y lo más importante: ¿Cómo
vamos a sobrevivir? Salimos con precaución, todos temblando. El calor de
Maracaibo me hacía débil. Olía a cuerpos podridos. Había sangre por todos
lados. Agarré bien la pistola de mi padre, aunque parecía que todo se hubiese
terminado, nunca se sabía. "¿crees que se fueron?" Preguntó
Cat, después de un momento de silencio. No queíra responder. " no creo
Cat" dijo Reinaldo. Yo quería llorar, después de todo, no íbamos a ver a
nuestros padres y familiares otra vez,pero no lo lloré. Cat si colapsó, y lloró
como nunca antes. Yo me senté en el piso áspero al lado de ella, para
consolarla. Reinaldo miraba hacia el horizonte, mientras lloraba en silencio.
" Tenemos que irnos" dijo Reinaldo, sus ojos rojos. Caminamos con
precaución. Llegamos a un barrio. Las casas de lata estaban abandonadas. Seguía
siendo de noche. Oímos un sonido por detrás de nosotros. Todos paramos. Vimos
una cosa peluda, con dientes sangrientos y un olor a agua de drenaje. Agarré mi
pistola, apunté al monstruo. Lo próximo que oí fue " clic" y después
un disparo que nos dejó sorprendidos. Le había disparado en la cabeza. La
sangre corría por su cara, pero la herida se cerraba.Después de un rato
Reinaldo gritó "!corran!".Empezamos a correr, yo estaba al final.
Corrí lo más rápido que pude, pero el monstruo era muy rápido. Sentí que el
monstruo me agarraba. Después algo me golpeó fuerte en el cuello y todo se puso
negro. Lo próximo que vi, Reinaldo estaba sentado a mi lado. Tenía
unas cicatrices y una expresión de preocupación. "¿qué paso?"
pregunte. " ¿María, estás despierta?" Dijo Reinaldo " el
monstruo te arañó con sus garras en el cuello. Después yo te traje aquí
mientras Reinaldo peleaba con el monstruo" dijo Cat, entrando al
cuarto. "¿Cuánto tiempo he estado así" pregunté. "Cinco
días". Estábamos en lo que era mi casa. Yo me levanté y Cat se fué,
dejándome a mí y a Reinaldo solos. "Estaba preocupado" me
dijo Reinaldo, su mirada fija en la mía. No sé quién se inclinó primero,
pero nos besamos. Estaba sorprendida. Reinaldo se fué, dejándome sola. Me
acosté y en unos segundos me dormí.
Cuando
me desperté, era de noche. Me levanté y agarré la pistola de mi padre. Reinaldo
y Cat me esperaban en la cocina. Estaban hablando seriamente. Vieron que yo
estaba en la cocina. Cat me hizo una señal diciéndome que me
sentase con ellos. “Descubrimos como matar a los monstruos" me dijo
Reinaldo, un poco tímido, seguía pensando en el beso. " La luz" dijo
Cat "por eso nunca salen en el día". No lo había notado, pero era
verdad, nunca salen en el día. Reinaldo se veía preocupado pero se compuso y
dijo "Vamos a salir mañana, parece que el único linux, así llamamos a los monstruos,
que queda es el que nos persiguió". Me sentí un poco aliviada, nada más un
monstruo quedaba. Pasamos la noche preparándonos para el siguiente día.
Reinaldo entro a mi cuarto, me dio una pistola y me dijo que contenía una
especie de luz que se parecía a la que transmitía el sol. Yo la agarré y la
puse en mi bolsillo, igual que la de mi padre. Esta vez fui yo la que me
incliné a besarlo. Cuando paramos él me miró con su sonrisa hermosa y me dio un
abrazo. Oí que murmuraba algo, " Gracias". Después se fué. Cuando
salimos, el aire húmedo rocío mi cara. Los árboles sonaban en la distancia. La
oscuridad invadía el lugar. Tenía miedo. Oí algo a unos metros de nosotros. Un
frío subió por mi espalda. Encendí una linterna que había equipado y la ilumine
hacia el sonido. Era un linux. El linux empezó a correr hacia nosotros, todos
se asustaron. Yo agarré la pistola que me había dado Reinaldo y la apunté. Se
sentía pesada y pesada y temblaba en mi mano. Dispare por primera vez, un
destello de luz pasó por la cabeza del linux, sin hacerle daño. Disparé la
segunda vez. Ésta vez le pegó en la pierna. El linux dejó salir un grito que
nunca olvidaré. Su pierna se había quemado y no estaba sanando. "!Pégale
en la cabeza!" Gritó Reinaldo. Entonces apunté lo mejor que pude, y con
todas mis fuerzas, disparé. El linux cayó al piso, sin cabeza. Lo había hecho,
maté al último linux de la tierra. gritamos de la emoción. Reinaldo y yo nos
abrazamos hasta que oímos un sonido por detrás de nosotros. Ya estan aquí otra vez.
Salomé Farías . Grado 7.

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